El primer intercambio de Jossip Wille le dejó cincuenta euros de ganancia. Tenía dieciséis años, quería un Seiko 5 y tenía abuelos suizos. Su abuelo insistía en que fuera de fabricación suiza, así que Wille se pasó el verano de 2017 ahorrando y leyendo. Después encontró una subasta en Italia y ganó un Omega Seamaster Cosmic por 250 euros. Cuando llegó, se dio cuenta de que valía más de lo que había pagado. Lo puso a la venta, lo vendió en 300 y se marcó una meta: seguir comerciando hasta poder pagar un reloj de 1.000 euros para quedárselo.
Casi una década después, esa meta parece un error de redondeo. Le Petit Suisse, fundada en 2019, opera desde Coupure Rechts, en Gante. Las visitas son con cita previa. Los relojes están en la bóveda de un banco. El inventario va de Cartier y Patek Philippe hasta Universal Genève y Jaeger-LeCoultre, y la mayor parte sale de Bélgica. Trabaja donde vive. Vende al mundo entero.
