Ilja Rijs cree que los mejores relojes ya se han fabricado. Lo dice sin asomo de ironía. "Suena muy a cliché, pero de verdad creo en una calidad que hoy en día ya no existe. Lo que se fabricaba en el pasado, sencillamente, estaba mejor hecho. Ese es el mensaje que quiero transmitirles a mis clientes".
La mayoría de los comerciantes dicen algo parecido para vender un reloj. Rijs, en cambio, construyó todo su negocio sobre ese principio.
Benjamin Marcello queda en el Herengracht 420 de Ámsterdam. Las visitas son solo con cita previa. Los relojes se guardan en la cámara acorazada de un banco. El inventario es reducido a propósito. Rijs se inventó el nombre él mismo, como un guiño a los coleccionistas italianos que le enseñaron al mercado a tomarse en serio los relojes vintage.
Me reuní con él para descubrir cómo un comerciante joven hace que los valores de antes le den plata.

